El valor de las verduras de temporada
COMPARTIR

Febrero marca la transición entre el invierno y la primavera, un momento clave para revisar nuestros hábitos alimentarios y reforzar la salud desde la base. La naturaleza nos ofrece alimentos de temporada especialmente interesantes en esta época, y entre ellos destacan las verduras de invierno, auténticas aliadas del bienestar cuando se eligen y se preparan correctamente.

Comer sano no es solo una cuestión de qué alimentos elegimos, sino también de cómo los compramos, cómo los cocinamos y cómo los adaptamos a nuestras necesidades individuales.

La alcachofa: protagonista de febrero y gran aliada digestiva

Entre las verduras de temporada, la alcachofa ocupa un lugar destacado por sus múltiples beneficios para la salud. Rica en fibra, antioxidantes y compuestos bioactivos como la cinarina, favorece la función hepática, estimula la digestión de las grasas y contribuye al control del colesterol.

Además, la alcachofa tiene un efecto prebiótico, ayudando a mantener una microbiota intestinal equilibrada. Sin embargo, como ocurre con muchas verduras ricas en fibra, su tolerancia depende de la forma de preparación y de la situación digestiva de cada persona.

Para quienes sufren gases, digestiones pesadas o hinchazón abdominal, es preferible consumirla cocinada (hervida, al vapor o salteada suavemente) en lugar de cruda, y en cantidades moderadas.

Elegir las verduras que nos sientan bien: edad y patologías importan

Uno de los errores más frecuentes es pensar que todas las verduras son siempre igual de adecuadas para todas las personas. La realidad es que la elección debe adaptarse a la edad, al estado digestivo y a posibles patologías.

  • En personas con problemas digestivos, flatulencias o síndrome de intestino irritable, conviene priorizar verduras cocinadas, evitar el exceso de crudos y elegir técnicas como el vapor, el hervido o el horno.
  • En edades avanzadas, una cocción adecuada mejora la digestibilidad y la absorción de nutrientes.
  • En personas jóvenes y sin problemas digestivos, los crudos pueden incorporarse con moderación, siempre observando la tolerancia individual.

Aprender a escuchar al cuerpo es tan importante como elegir alimentos saludables. No todo lo “natural” o “crudo” es siempre lo más adecuado.

Comprar con cabeza: del Mercado al supermercado

Elegir verduras de temporada también implica saber comprarlas. Es importante fijarse en su frescura, firmeza y color, evitando productos deteriorados o excesivamente manipulados.

En el supermercado, conviene desconfiar de productos vegetales ultraprocesados que prometen salud en su envase, pero esconden azúcares, grasas o sal añadida. Leer el etiquetado es clave: pocos ingredientes, reconocibles y sin aditivos innecesarios.

La magia no existe. La salud no viene en envases llamativos, sino en alimentos sencillos, frescos y bien elegidos.

Es el momento de aprender a comprar con cabeza

Junto a la elección de alimentos frescos, es imprescindible aprender a interpretar el etiquetado nutricional. Vivimos rodeados de productos ultraprocesados que, bajo mensajes atractivos como “natural”, “light” o “fitness”, esconden composiciones poco saludables.

El primer paso es mirar la lista de ingredientes, siempre ordenada de mayor a menor cantidad. Cuantos menos ingredientes y más reconocibles, mejor. Si el azúcar, jarabes, grasas refinadas o aditivos aparecen en los primeros lugares, conviene replantear su consumo.

La tabla nutricional también merece atención. No basta con observar las calorías; es fundamental revisar los azúcares añadidos, las grasas saturadas y la sal. Muchos productos aparentemente saludables contienen cantidades elevadas de estos componentes.

Es importante no dejarse llevar por el marketing frontal. “Sin azúcar” no siempre significa saludable, y “bajo en grasa” puede implicar un mayor contenido de azúcares. La magia no existe: la calidad real de un producto está en su composición, no en su envoltorio.

  Dra.  Angélica Aragón Aragón

Farmacéutica y Nutricionista 

N col 2264